lunes, 15 de diciembre de 2008

Mi apacible segunda vez

Por ahí un adagio popular revela: que en la mayoría de las ocasiones, la segunda vez es mucho más significativa, sustancial e importante que la primera. Previniendo la confusión y las críticas que generará la presencia de este tipo de temas en mi blog, aclaro que esta sección está dedicada a mi segunda experiencia victima del escamoteo.

Después de la amenaza clásica infundida por mi madre: “ya sabe que no puede andar por ahí dando papaya otra vez, esta ciudad se está volviendo muy peligrosa” con el miedo generalizado, mi cuerpo y mente ingresaron en estado de alerta. Ya creía que todo el mundo me iba a sacar un puñal, me iban a hurtar, a moler a golpes y a dejarme sin aire por robarme el celular nuevo (ese de emergencia que vale $40.000). Es así como me volví coleccionista de películas del maestro Bruce Lee, imitaba sus movimientos y enseñanzas a la perfección. Hasta realizaba el famoso salto apretando cuello mientras exprimía el puño y movía los labios en cámara lenta diciendo “atrévete a robarme ña ña”

El pasado viernes concluía clases en la universidad, y esa jornada se convertía en un momento ideal de celebración con los colegas. No era sólo un fin de semana, era Friday I 'm in love cadencioso, había rumba-concierto gratis de cuenta de la alcaldía de Medellín (para no entrar mucho en descripciones, conciban un concierto de George Barón, un poco más pequeño y sin Galy Galiano) Se veía un gentío de todo tipo y toda representación, estudiantes, obreros, amas de casa, niños, escolásticos, culebreros y hasta distinguí a Félix Zuluaga bailoteando con Yilmar Gómez al ritmo de los de Yolombó.

Con mi trauma reciente y prevenido con la multitud de malhechores potenciales, me dispuse advertirme. En el transcurrir de la noche ocurrió algo mágico, la masa me sosegó, el cúmulo de gente me manifestó protección y alivio. En ese momento de éxtasis y tranquilidad, olvidé todas las enseñanzas sobre serenidad y confianza que aprendí del maestro Lee (me explayé como dicen por ahí). Fue con ese estoicismo que me dispuse a bailar el cuadro y a tomar guaro, dejando entre renglones todo trauma pasado.

Que protegido me sentía, ni una sola señal de hurto, celebrando fin de año académico con mis amigos y sin preocupaciones en mi cabeza. El conciertazo estaba culminando y las personas se movilizaban en fila india, debido a la gran masa los estrujones eran involuntarios y constantes. Nadie se disculpaba por pisar una uña enterrada, al contrario, el sudor, el tufo y rostros iluminados por potentes reflectores se complementaban con los malos modales del “indio comido, indio ido”. Pero, recuerdo con desdén una silueta que tropezó de manera destemplada contra mi humanidad, y de la manera más cortés, y con voz varonil expresó “caballero excuse usted mi pisada”.

Aunque fue la única persona en arrollarme, los infinitos 10 minutos que tardaba en salir del evento, los disfruté con honda admiración hacía el sujeto amable y cordial. Cuando por fin logré salir de la multitud, revisé mis bolsillos para ver la hora… y ¡ah sorpresa, el económico celular LG, el que no tiene juegos, el que es a color forzado y sonido monofónico, ya no estaba! Sentí desfallecer y no sólo por estar incomunicado con el mundo, le di gracias a krishna por oír mis plegarias “oíste que la segunda vez que me hurten, sea con estilo, gallardía y profesionalismo”. Aunque no voy a negar la putería que me dio caer en las garras de tan escurridizo mapache, en esta oportunidad mi vida corrió menos peligro que la primera vez. De este incidente aprendí dos cosas:

Lo cortés no quita lo cabrón

Y puede que la primera impresión sea trascendental, pero la segunda es más auténtica y menos dolorosa.

Un cordial saludo a tan brillante cortabolsas digno ejemplo de Simón Templar (Roger Moore) en la serie The Saint, ese hombre no se despeinaba robando un banco. Y aunque no apruebo su labor, me rió con una lagrima rodando por mi cachete, por los 5 mil pesos que estoy seguro le dieron por mi cel y por la cara de gónada que me vió (juemadre devolveme la sim). En los próximos días incluiré en mi blog un retrato hablado del susodicho; esto para prevenir más hurtos con estilo y urbanidad.

1 comentario:

Andrés García dijo...

Excelente relato, lástima el celular... Tocará escribir más acerca de las nuevas modalidades de vandalismo paisa: de la violencia del sicariato a la elegancia de hurtar con clase. Hay le dejo... y por favor, hágale caso a Doña Amparo.