jueves, 5 de febrero de 2009

Elogio al bozo












Lo acepto: Me desbordo de felicidad al retomar mis actividades blogueras, a mis pocos, pero fieles lectores, los que eché tanto de menos, los saludo con meloseria y regocijo.


Dentro de mis múltiples expectativas para el 2009, además de conocer la nieve, he dedicado incontables horas reflexivas narcisistas a mi bigote, desde el año pasado vengo con la idea de dejarme proliferar el mostacho y hoy puedo decir con jolgorio que: ¡he cumplido!


Siempre inquieto por las sutilezas de la vida, emprendí esta maravillosa empresa. Después de 15 días de ermitañismo salvaje, mi bigote incansablemente sufrió una metamorfosis hasta llegar a la etapa monera - o pluricelular que llaman- Ya era un sólo ente, una mancha, un parche él cual no se sabía si pertenecía al reino animal o al vegetal, mi rostro sufrió una aleación polimérica feroz; olvidando el escasito musgo que me adornaba la parte superior labial, emergió de mi rostro una pequeña brochita para pintores principiantes.


Admito que siempre fui de las personas que creían, que para portar un mostacho, se necesitaba de un estilo fachendoso y vanguardista. No era fácil crecer viendo a Tom Selleck - un galán exitoso, peligroso y de bigote- , hasta resultaba una ofensa pretender igualarlo. A esta altura de mi vida, pensé, no importa tener menos elegancia y clase que muchos cari barbados, pocos seres humanos nos damos el gusto de despojarnos del vello facial cuando se nos da la gana.


Es así como tuve la valentía de salir a la calle y prestar atención a las reacciones del prójimo. Algunos conocidos se carcajearon, otros, con menos confianza aludieron mi bigote – obviamente con un toquecillo cáustico y chocarrero- Sin embargo hubo alguien que los sobrepasó. Mi abuela con gran satisfacción, encontró cierta semejanza de mi bigote con el de Charles Bronson – el bien conocido vengador anónimo - No solamente le bastó con compararme con el último “Macho de Hollywood”, también insinuó que me lo dejara permanente.


Eso sí, no quise convertirme en un antihéroe, para dármelas de berraco y darle gusto a mi antecesora, me dejé el bigote toda la tarde. Esa misma noche, con satisfacción de consumar mi primer propósito para el 2009, rasuré la vellosidad que a mi parecer, voy a portar con orgullo en unos 30 años.


Refinados del vello facial se refieren al estilo que me dejé como un “Brocheté”. Los europeos le llaman genéricamente un “Guy Fawkes”, término que en Colombia han adaptado para llamarle un “Don Chinche”.


¡Oyeron! metrosexuales, emos, floripondios, Uber sexuales y demás andrógenos… los estereotipos que nos están intentando vender caerán, y tengo una convicción absoluta "I have a dream" de que, en muy poco tiempo, el bigote entrará de nuevo a los cánones masculinos de belleza.

2 comentarios:

Andrés García dijo...

Felicidades, engalanas nuevamente este espacio con maravillosas historias de ayer y hoy. Que detalle de fina costura corporal dejar por un día el símbolo varonil por excelencia de nuestro ser...
MACHO MACHO MAN, I WANT TO BE A MACHO MAN... Cómo olvidar esas palabras tan hermosas junto con... Y M C A...

C. dijo...

Odio el proselitismo, pero también tengo algo sobre los bigotes y quiero compartirlo:
http://cenicero-de-ideas.blogspot.com/2008/10/moustache.html
Saludos